LOS RITUALES GENERAN APEGO Y SON UNA FUENTE DE SUFRIMIENTO

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El ser humano desde que se levanta hasta que termina su día generalmente hace las cosas de la misma forma. Unas personas se levantan, se toman un café, se bañan de la misma forma y luego desayunan. Otras se levantan de afán, corren siempre, comen poco o no comen nada y ni tienen tiempo para contemplar cómo amanecieron ese día. Y así se van pasando los días y la vida.

Hoy en una terapia con uno de mis pacientes con el que estoy ayudándolo a flexibilizarse, hablábamos de todos los rituales que tiene el ser humano y que por lo general hasta que no se hace conciencia de éstos se consideran simples comportamientos diarios.

De forma rutinaria nos sentamos en los mismos lugares de la mesa a comer, tenemos dos o tres recetas máximo en nuestro menú, nos arreglamos o vestimos de la misma forma, y no nos detenemos a pensar en estos patrones o hábitos tan estrictamente establecidos, que hacen que incluso nuestras mentes permanezcan inmóviles e inflexibles.

Lo grave de no darse cuenta de esto, es el riesgo de habituarse tanto a los rituales que se pueden generar apegos a las formas de hacer las cosas, lo que hace que se vuelva tan rígida nuestra mente que luego flexibilizarla sea todo un reto. O peor aún, que los rituales generen apegos que sean aún más difíciles de soltar o cambiar.

Hoy en esta terapia comprendí que el apego que tanto hace sufrir al Ser Humano (aunque sea muy inconsciente), puede estar relacionado con hacer las cosas de la misma manera hasta llegar a ritualizar la vida y la propia existencia. Pero desafortunadamente no nos damos cuenta que cuando somos presas de nuestros propios rituales, sufrimos, pues nos quitamos nuestra propia libertad de explorar nuevas formas de hacer las cosas, de probar nuevos alimentos o de probar diferentes rutas para ir al trabajo.

Por eso, mi consejo de hoy es, antes de salir corriendo a levantarte y hacer lo que siempre haces, para, pon tus manos en tu corazón y pregúntate: ¿hoy qué necesito? ¿Hoy qué necesita mi cuerpo? ¿Necesito un banano o necesito un café? ¿Necesito estirarme o salir a trotar?

Seguro si implementas diariamente esta comunicación interior contigo mismo podrás reconocer más fácilmente cuando tu mente está rígida, lo que te lleva a tener comportamientos rígidos a los cuales te terminas acostumbrando y perdiendo la posibilidad de vislumbrarte con pequeños detalles cada día, y por supuesto, de oírte más para saber qué necesitas y definitivamente qué no necesitas.

Finalmente quiero compartir mi idea de que, al cambiar nuestros rituales, y permitirnos oírnos en lo que realmente necesitamos, podemos evitar el sufrimiento de tener vidas sin sentido, de actuar como robots o zoombies.

Por eso recuerda, “Lo mejor pasa adentro, en tu propio Hogar”.

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